jueves, 12 de marzo de 2015

Mi Historia. 3

Estaba leyendo la Leyenda del Hilo Rojo, es una linda historia de cómo tú y el amor de tu vida están conectados por un hilo rojo y están destinados a encontrarse, yo creo que mi hilo rojo debe estar conectado a un plato de comida, tal vez a un pedazo de queso...

Parte 3:
Mi noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1 de enero fueron algo confusas, no solo por el trago, por la llamada de Manuela, por la llamada de Amanda o por que ese año habían sucedido muchas cosas nuevas para mi, lo más confuso fue tal vez el mensaje de Óscar pidiendo mi número de teléfono.
Ya había pasado el momento de los abrazos, la champaña y las uvas, ya estaba todo el mundo volviendo a la calma, los que lloran se secaban sus lágrimas y los felices menguaban su sonrisa, la música volvía a tomar forma y la gente empezaba a bailar, yo por mi parte estaba lleno de alegría, era otro año que pasaba al lado de mi familia y con las personas a las que he querido por más tiempo, me senté en un sofá y saqué mi celular del bolsillo, recordé el mensaje, era casi la 1 de la mañana y lo respondí, mi respuesta evidentemente fue clara y concisa, era mi número de teléfono.
Seguí pasando el momento con mis seres queridos, sonriendo y hablando mientras me tomaba un whisky en las rocas, no sé cómo ni a qué hora pasó el tiempo, pero cuando volví a ver el reloj eran las 4 de la mañana, ya era hora de acostarme a dormir el día más aburrido del año.
Cuando desperté, como es costumbre en mi, tomé el celular que dejo siempre cerca a la cama y ahí estaba, era otro mensaje de Óscar, esta vez se disculpaba por no haber llamado la noche anterior, yo solo sonreí y le escribí que descuidara pero que ahora debía invitarme a una cerveza el día que regresara por haber sido mala persona.
Ya se hacían más cortas las vacaciones, mis días eran todos iguales, no tenía idea de qué día era cual o qué fecha, hasta que llegó el día, Amanda y yo, llevábamos casi dos años saliendo, de hecho, el 4 de Enero, día de su cumpleaños también cumpliríamos 23 meses de novios, una fecha para no olvidar, en teoría. En este momento ya no recuerdo qué hice el 4 de enero, supongo que nada, como era usual, hablaba todo el día con ella, con Manuela y con Óscar y todo fue normal, hasta el 5 de enero.
El 5 de enero me desperté a la hora habitual y le escribí a Amanda, ese día tenía la idea firme de organizar las cosas con ella y hacerla sentir bien, hablamos un rato y la noté extraña, así que le pregunté:
—¿Qué sucede?
—Nada.
—Algo te pasa, te conozco.
—Ayer me quedó claro que no me conoces, ni siquiera recordaste mi cumpleaños.
Me llevé la mano a la cara, me sentía una basura, ¿cómo pude olvidar el cumpleaños de la mujer a la que amaba? Y no solo el cumpleaños, el día en que cumplíamos 23 meses, era el peor ser humano del mundo y bueno, así me sentía y me hizo sentir durante el resto de tiempo que estuvimos alejados.
Mis vacaciones terminaron, la relación con Amanda no se había recuperado después de mi tropiezo y no se iba a arreglar por el teléfono, teníamos que vernos y hablar, iba a ser una conversación fuerte, más similar a una discusión y no iba a terminar exactamente bien.
Durante mi viaje de regreso casi no hablé con Amanda, de hecho solo le avisé que viajaría y ya, no es como si luego de haber cometido semejante error, las conversaciones fluyeran; ese día, mientras me acercaba a Bogotá hablaba con Óscar, era emocionante hablar con él y la conversación aunque no tenía nada que ver con sexo o con cosas de ese tipo, lograba despertar en mi algo, de hecho, producía en mi erecciones, tal vez era por de ser algo prohibido o algo que yo no podía controlar o quizá era solo el hecho de que Óscar me parecía terriblemente atractivo; durante esa conversación quedamos de conocernos y ver qué sucedía y si soy sincero eso me puso tremendamente ansioso, quería llegar, organizar todo y salir a verlo.
A mi llegada tendría una mudanza, pero no sería el único cambio que iba a experimentar ese año, iba a ser un año en el que muchas cosas internas y externas cambiarían en mi.


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